miércoles, 8 de enero de 2020

EULOGIO HIGUITA SALAS -Pichón de cura.


EULOGIO HIGUITA SALAS

Eulogio Higuita, guardia de la Penitenciaría Agrícola La Colonia

¡Váyase de aquí! -le dice Sofía al gato- ¡si le gusta dormir en la silla! Ella se disponía a acomodar a la persona que le escucharía los relatos de su esposo. A un costado de la pequeña sala se encontraba un modesto pesebre, y a unos pocos centímetros de este estaba un humilde árbol de navidad. Entre sus adornos tenía unas flores amarillas, verdes y rosadas en celofán. Con gratitud dice que se las enseñaron a hacer en el ancianato.

Antigua y única cédula de identificación
Eulogio era hijo de Carmen Rosa Salas Valle, residente en la Vereda Las Lomas. Siendo niño ayudó en la parroquia local como sacristán. “A él le hacían mucha burla y lo molestaban mucho dizque porque era pichón de cura. Y él de güida, de güida, él no contestaba, y cuando menos acordaba, lo empuñaban y lo aporriaban. Él le ponía la queja al párroco, y le ponía la queja al profesor. Pero, como entonces, esos que lo molestaban a él eran hijos de rico, entonces por eso se la tenían montada a él, porque él era un hombre pobre, humilde”, dice Sofía.

El sacerdote había visto que Eulogio era habilidoso con las funciones propias de un sacristán, razón por lo cual lo pidió y se comprometió a darle el estudio. Lo que Eulogio no aprendía en la escuela, el cura se lo enseñaba en la casa cural.

Josefina, primera esposa de Eulogio
Continúa Sofía narrando hechos de la infancia de Eulogio y agrega: “se fueron pa´ un paseo pa´rriba pa´Cañaveral, y allí en ese través, pa´ voltiar de Las Palmas pa´llá, él no se arrevolvía con los compañeros, sino que él era solo, solo. Pa´donde voltiaban, él era solo. Hacían comitivas y todo eso por allá, pero entonces muchas veces se quedaba así sin comer por no estar al pie de los que lo molestaban. (…) Y ahí dizque habían mochao unas matas de cañabrava, y otras que no me acuerdo. Habían unas varillas así largas, puntudas. Y él dizque se logró cortar una punta de esas. Dizque cuando lo agarraron allá en Cañaveral, en toda la manga (el profesor dizque los mandó pa´que lo fueran a coger pa´que fuera almorzar). Entonces él no se dejó. Entonces dizque lo iban a coger a pata, le dieron puño. Entonces él ´izque sacó ese chuzo, y se lo mandó a uno, ´izque el que más lo molestaba. ´izque se lo mandó por aquí, así; ´izque casi le sale aquí –señala el pómulo- y ese fue el motivo de salise de la escuela”.

La mala experiencia en la escuela lo marcó y como padre se rehusó a enviar a sus hijos a la escuela. “Entonces nosotros nos levantamos la familia muy pobremente, y entonces él decía que pa´ qué mandaba los hijos a estudiar, que servían de carnada de los otros (…) claro que uno que va ciego del todo, el otro le abre los ojos a punta e puño”.

Sofía, segunda esposa con sus hijos
José Jonás, Ana Sofía y Roso Cruz
Eulogio tuvo un primer hogar conformado con su esposa Josefina David con la cual tuvo ocho hijos. Luego de separarse de ella, se casó con Maria Sofía Serna Valle cuando esta tenía 23 años. Tuvieron seis hijos: José Jonás (Jota), Ana Sofía, Roso Cruz (del cual no se sabe si vive o fallecido), Eulogio León (quien ve por ella), y Mahomed (quien falleció prestando servicio militar el 16 de septiembre del  2000). Vivieron a un costado de la quebrada Peque, sitio conocido durante mucho tiempo como La Planta, hoy propiedad de Diego Peque Rua (Perma) con el nombre de Caballo Bayo.

“Donde nosotros estábamos viviendo, nosotros no lo compramos. Nos mandó don Pacho allá porque eso estaba allá solo y las que estaban allá eran las culebras. Y la casa estaba arropada de puro rastrojo y tuna. Allá vivió la difuntica María Salas con el esposo que se llamaba Tulio. Pero entonces ellos se pusieron a trabajar pa´llá pa´l otro lao en lo de las Guerras. Entonces don Pacho como que les dijo que él necesitaba era que el que viviera a este lao, fuera la tapa de toa esta finca. Y eso hicimos nosotros”, asegura Sofía.
Eulogio, Sofía y Ana Sofía

Vivir al lado de la quebrada, más que satisfacciones, acarreó dificultades, sobre todo en la época de verano, en los meses de diciembre y enero cuando bajaban niños, jóvenes y adultos a bañarse y divertirse en los pozos de la quebrada. “¡Ave María!, nosotros sufrimos mucho con la gente. El sembrao, lo que era fríjol, maíz, revuelto y la caña, eso se iba todo por parejo. Y entonces, ya nosotros lo que nos tocaba era por ahí el redrojito, y eso sí, rebuscao (…) eso era bien sabido que primero comía el ladrón que el dueño de la olla”, dice con recelo.

En una ocasión, el pozo de agua que  más cerca estaba de la casa de Eulogio, amaneció lleno de vidrios y uno de los bañistas resultó con una herida grande y profunda en la planta del pie. Esto originó reclamos y expresiones amenazantes entre los bañistas y la familia de Eulogio terminando en una batalla campal en la que iban y venían piedras de lado y lado. Tan mala suerte tuvo el pequeño Jota (Jonás), hijo de Eulogio, que una de estas pegó en su pómulo dejándolo ensangrentado y mareado. Dicen las malas lenguas que Eulogio dio ánimo a su hijo diciéndole que se levantara que estaban en guerra.
Sofía en su hogar de La Miranda. Aquí invirtió la indemnización
que le dio el Ejército Nacional por la muerte de su hijo Mahomed.

Siendo adulto, Eulogio fue guardián de prisiones. Trabajó en la Penitenciaría de La Colonia, por San Jorge. Además de estar vigilante de los reclusos debía enfrentar el frio extremo y la acechanza de los animales de la selva, principalmente las serpientes venenosas. Luego de esto, también se desempeñó por unos días como guardián de la cárcel municipal. Dicen quienes lo recuerdan que le gustaba portar el revólver de dotación en la cintura debajo de la camisa, asomarse a la calle y fijar su vista en algún filo del paisaje y apoyar su mano izquierda sobre el revólver. Quería dar la impresión de respeto y de estar dispuesto a la acción por su cargo.

Antes de estallar la violencia política en 1948, con la muerte de Gaitán, Eulogio tuvo una tiendecita por los lados del parque, pero esta fue saqueada e incendiada. No tuvo más remedio que armarse y organizarse en las filas de la chusma liberal para defenderse.

Otros de los cargos desempeñados durante varios años por Eulogio en el municipio fue el de Plantero. Ganaba en ese tiempo aproximadamente 60 mil pesos al mes. Justo al lado de su casa estaba la minicentral hidroeléctrica. No era potente pero era la maravilla de la época. Uno o dos bombillos dentro de la casa hacían innecesario el  uso de lámparas de petróleo o de velas en la noche. La energía producida por la planta solo era para la iluminación. Cualquier otro uso como aplanchar ropa o cocinar con fogón eléctrico no era permitido. “Por aquí hay un contrabando y por aquí es ´onde me da. Mamá dizque le robaba luz pa´ planchar de noche. No sé si es que tenía indicios que ella aplanchaba de noche”, decía Maria Cleofe Moreno en palabras de su hijo Sinar.
Datos libreta militar

Luego de la primera mini hidroeléctrica, hubo otra un poco más potente al otro lado de la quebrada. “Él estuvo allá también. Allá se enfermó mucho y le buscaron un reemplazo, y ya él no volvió a trabajar más en la planta”, dice Sofía.

Mucho tiempo trabajó para el municipio y para la nación. Quizás pudo reunir el tiempo suficiente para ser acreedor a una pensión proporcional al tiempo servido. “Tenía hasta una papelería de él cuando trabajaba en la colonia, y cuando ya estaba trabajando allí, de plantero. Ya pues con el tiempo, cuando entró José Luis, El Ñanguita, de alcalde, me pidió los papeles. Y a mí se me olvidó habele sacao fotocopia. Oiga, dizque porque él me iba ´cer esa vuelta pa´ ver si de pronto nos daban alguna cosa por pensión. Y entonces resulta que él cogió los papeles y se los guardó y no sé qué haría con ellos porque en ese año que él me pidió los papeles, también se fue volao de aquí ´e Peque, y adiós que yo no volví a ver los papeles, siquiera”, recuerda Sofía con tristeza.

Era Eulogio una persona pulcra al vestir, se preocupaba bastante de la presentación personal, no podía faltarle el agua de Florida para rodearse de un buen aroma. Peinaba su bigote, no solo para subir al pueblo, sino también después de cada comida.  A pesar de que su bigote no era abundante, sí merecía el máximo cuidado, pues siempre lo retorcía con sus dedos pulgar e índice para arriba. Doblaba su pañuelo en triángulo y se aseguraba con cuidado de que una de sus puntas quedase unos cuantos centímetros por fuera de su bolsillo para halarlo.
Ventiador o china, utilizado décadas atrás
para soplar los fogones de leña. Este
instrumento es fabricado por Sofía

Tomaba el camino hacia el casco urbano subiendo por El Jundungo (en aquellos días no había camino para la quebrada por los lados del actual barrio La Miranda). Durante el recorrido se aseguraba que sus bigotes estuviesen caprichosamente retorcidos y el pañuelo en su sitio con una de sus puntas hacia afuera.

En la vida ha habido, hay y habrá objetos que son cómplices de la vanidad de hombres y mujeres. Afortunadamente son objetos inanimados, sin conciencia ni razón. Cómo se reirían estos artículos de nosotros en los esfuerzos para tener una aceptable presentación personal o para alcanzar  ideales de belleza preconcebidos por la sociedad.

Lo descrito es una lucha librada por todas las generaciones humanas en todas las culturas. De ella no pudo escapar Eulogio, y para ello contó con el elemento material que para muchos  mejora la autoestima: el espejo. En su recorrido hacia el casco urbano, se detenía en el camino y sacaba dos espejos. Primero revisaba su bigote y al constatar que todo estaba bien, pasaba a revisar su pañuelo y sus caderas (su trasero diríamos en estos tiempos). Tomaba dos espejos, uno en cada mano. Doblaba ligeramente una de sus manos hacia adelante, un poco por encima de su rostro, y la otra la estiraba hacia atrás. Con el espejo de adelante enfocaba la imagen del espejo de atrás. Asegurándose de que los espejos estaban reflejando la misma imagen, volteaba su cabeza, y con un juego en los ojos, enfocaba casi que de manera simultánea ambas pantallas, para ver allí, en su sitio, al pañuelo  y su trasero cuidadosamente cubierto con el pantalón de apolo confeccionado por el sastre Tulio Valle, tío de Sofía. Hecho el ritual, el camino hacia Peque continuaba.

Cada minuto, cada hora, cada día en la existencia humana, es una palabra, es una frase, es un párrafo en la historia de una persona. El capítulo de esta historia se cierra el 4 de septiembre de 1995 cuando nuestro guardia de la Penitenciaría Agrícola La Colonia murió después de varios meses de enfermedad.

Genealogía
Nació Maria Sofía el 16 de junio de 1940. En la actualidad cuenta con 79 años. Se casó con Eulogio a la edad de 23 años. “El que presta lo que tiene, a pedir se atiene”, dice Sofía.
Maria Sofía Serna Valle es hija de Cruz María Serna y Maria del Rosario Valle Zapata. Don Cruz María era originario del municipio de Ituango. Cuando se casaron, Maria del Rosario tenía una hija, Berta, de tres años (esposa de don Luis Lopera).

ü  Hermanos de Maria Sofía
Berta Rosa Valle, esposa de Luis Lopera, (ambos fallecidos). Era hermana por mamá ya que su padre era Daniel Moreno (vivía por los lados de Popal o El Tablazo). otro hermano por mamá fue Lorenzo Valle (vivió con Rosalba Moreno).
Los otros hermanos son Ramón, Matilde, Ofelia, Luisito, Reynaldo, Magola. Luisito y Reynaldo viven por Urabá; Ramón y Matilde, viven juntos en Medellín.

Otros datos
ü  Josefina David y Eulogio Higuita fueron padres de Adolfo, Elí, Ernestina (esposa de Luis Valderrama), Carlos Enrique, Benedicta (esposa de Pedro Julio David –Chimbita).
ü  Josefina David: hermana de Antonio, Marcos, María (madre de Nelly Higuita, esposa de José Sucerquia).
ü  Carlos Enrique: padre de Heriberto, Enriqueta (la que vivía con Abertano Chancí), Luz Aura (la mujer de Alberto Elías Vélez, conocido cariñosamente como El Flaco) y Berta.
ü  Adolfo vivió con Ana Ortiz y tuvieron a Adolfito, Carlos, Elías, Josefina y Celina. Estas dos últimas eran mellizas y les decían Las Potolio.

jueves, 26 de diciembre de 2019

ARGEMIRO AGUDELO: El nombre de Peque no deja de ser pecar.


ARGEMIRO AGUDELO


“Uno andando por las montañas, uno ve muchas cosas (…) es conveniente contar esas historias porque hay cosas que están en riesgos, en la montaña y todo eso hay que comunicarlo para que la gente se dé cuenta ya que si no quisieran arrepentirsen, ya es otra cosa”.

Es Argemiro Agudelo una persona reflexiva y meditativa, gracias a la sabiduría que da los años, al estudio de ciencias cultas y ocultas –según la visión de cada persona- y al estudio de la biblia.

De manera metafórica, Argemiro Agudelo dice que “todo ese contorno por aquí está como una cosa de esas que preparan en los tiempos de fiesta pa´ divertisen (…) eso hacen una rueda, y a esa rueda le van uniendo esos explosivos. Y entonces lo prenden por una partecita y esa partecita lo va prendiendo todo. Y así está este municipio. Se dice que debido a esas cosas es que de pronto hay un riesgo por aquí, porque todo está rodeado de esas cosas. Y que es como por forma de un castigo, por desobediencia. Que se le advierten las cosas y no hacen caso. (…) aquí está el nombre Peque. Hace más de dos siglos que el nombre Peque existe. Y hasta ahorita no ha habido nadie, no ha habido sabio ni justo que deje ese nombre y se arrepienta de ese nombre. Por eso el nombre de Peque no deja de ser pecar”.
Argemiro usualmente pasea y se distrae en el parque
Se necesita interpretación o imaginación para aproximarnos a lo que nos quiere decir el anciano con su profecía. Es característico de los profetas estimular la imaginación ajena a través de palabras y expresiones que llevan significados simbólicos para que se descifren por los mejores intérpretes. No sabemos si el hecho se refiere a un fenómeno social o a un fenómeno natural. Si es social, quizás el fenómeno haya ocurrido y se haya relacionado con el desplazamiento del año 2001. Si es natural, quizás tenga que ver con posibles erupciones volcánicas por encontrarse el pueblo cerca a los picos de la cordillera de los Andes.

El nombre del Municipio, Peque, para propios y extraños, quizás sea una alegoría a la vida libertina, de placer y satisfacción de los sentidos. Pero hay que recordar que la palabra está relacionada con los habitantes de estos territorios antes de la llegada de Gaspar de Rodas: los Pekis o Pequis. Los sonidos que forman las palabras de la lengua de una cultura representan cosas de su realidad, de su medio y de sus creencias.

Una solución que da Argemiro al nombre incitador al pecado que lleva el pueblo es Amparadó. “Porque, ya, el nombre Peque, no es pues, un nombre, digamos, que no tiene riesgo. Ese es un nombre de riesgo para la gente. La gente hoy en días, no piensan en otras cosas, sino que es, vivir en el mundo sin (…) arrepentirse de la culpa que tenga”, asegura.

Argemiro Agudelo es hijo de Anatividad Agudelo y Baltazar David. Nació en el año 1928 en el sector El Higuerón, corregimiento Los Llanos de Peque. Tuvo tres hermanos: Alfonso Enrique –se fue para el departamento del Valle y no se supo más de él-, Maria Ercilia –fallecida en la violencia- y Luis Ernesto -ya fallecido.

Fue a la escuela por un periodo aproximado de cuatro años. El nombre del único profesor que recuerda es el de Miguel Ángel Suárez, padre del conocido Hildebrando Suárez, Cochise. De los recuerdos de su infancia dice que en la quebrada Los Llanos se formaba un pozo grande al caer el agua. A  él iban en la noche las personas que practicaban ciencias ocultas. De este pozo se levantaban, volaban, hasta unas peñas que había por allá.  Igualmente recuerda que algunas niñas de Los Llanos, de 12 y 13 años, cuando medio leían y escribían, cogían ramas, y frotándolas en sus manos, formaban una masa que al mismo tiempo se convertía en un gusano vivo.

Casi pierde la vida cuando movilizándose entre el sector El Tablazo y El Aguacate, se detuvo en El aguacate ya que había mucha gente tomando guarapo, entre ellos uno de sus hermanos, quien estaba muy borracho con otro. En eso llegó la policía y requisó a Argemiro –previamente había escondido el arma en el rastrojo- y no le encontró nada. Luego cogieron a su hermano y al otro borracho a patadas y a plan. Intercedió Argemiro por los dos borrachos, cosa que no gustó en la autoridad, y uno de ellos le mandó un machetazo a la cabeza el cual con habilidad pudo evitar. Luego le envió el otro machetazo y con habilidad y fuerza Argemiro cogió por el brazo al policía, lo sacudió y lo tiró al suelo. Viendo Argemiro la oportunidad de escapar, se tiró por un bordo cayendo de pie en la playa de la quebrada. El policía hizo lo mismo en su persecución, se lanzó, pero con tan mala suerte cayó boca abajo en la playa. “Ahí mismo me le encasquetié. Si no llega la compañía de ellos, lo acabo. Me cogieron y me daban plan y pata les dije: hombe, si tienen mucho odio con migo, mátemen más bien. Cuando estaban sacando el revólver, apareció un señor que parecía compañero de ellos y les dijo: no hay orden de matar a nadie; larguen a ese muchacho que lo están aporriando de manera cobarde”.

Por este hecho fue conocido como “Estuzador” durante la época de la Violencia Política, pero no porque haya quitado la cabeza a los oponentes, sino porque pudo evitar perderla en el forcejeo con los policías. Su caso animó a los habitantes del sector para formar grupo de autodefensa contra la policía y los contra chusmeros.

Pasada la violencia, él y otros 70 chusmeros liberales debieron ir a la cuarta brigada en Medellín al proceso de amnistía ofrecido por el gobierno nacional. Allí los militares les preguntaban por qué se habían enfrentado a la policía. Ellos respondían que porque la policía los iba a matar. “Allá nos dieron ropa, nos dieron zapatas. Váyanse a trabajar”, les dijeron.
En el hospital solicitando los servicios
de salud

Durante una parte de su vida se dedicó al estudio de la medicina de las plantas. Uno de los libros que recuerda es “Vida y Salud”. En una ocasión cambió un libro de geología por un libro de magia que tenía un hijo de Alberto Mazo. Con este libro profundizó sus conocimientos en medicina de las plantas y la tierra. Durante algún tiempo el libro fue fuente de consulta hasta que se le perdió. Luego de ello inició el estudio de la biblia. Ahora duda que el contenido del libro, y los aprendizajes obtenidos de él, sean del agrado de Dios.

El primer hogar que conformó Argemiro fue con Maria Dolores Posso; vivió aproximadamente quince años con ella. De esta unión tuvo dos hijos: Orlanda y Eneida  "La idea mía era casarme con ella, entonces yo le noté un ... un error, entonces ya no me dio por casarme con ella", asegura.

El segundo hogar, y con bendición de cura, fue con Paulina de Jesús Torres. En este matrimonio nacieron cinco hijos: Lucémida, Floresminda, Maria Berley, José Angelino y Uberly Amparo. En aquellos tiempos usualmente los sacerdotes no atendían a la voluntad de los padres en el momento de bautizar a los niños en la iglesia. Si el nombre del niño no le sonaba bien a los oídos del sacerdote, este le cambiaba el nombre. Esto le pasó a don Argemiro quien se iba a llamar José Angelino pero el sacerdote le cambió el nombre en el momento del bautizo.

Reconoce que fue un borrachín; empezó a beber a la edad de 14 años. Durante muchos años se embriagaba con la bebida popular de esos tiempos: la chicha. Unos de los nombres de las personas que recuerda que hacía chicha por El Cañón (El Aguacate), es Tomasa Posso y Daniel Posso. “Uno empezaba por ahí así, charlando, charlando, y cuando menos pensaba, uno se iba al piso”, recuerda.

Por un tiempo Argemiro asistió a una de las iglesias evangélicas del pueblo. Ahora que su movilidad es reducida, debido a su edad avanzada y achaques de la vida, ya no asiste a los servicios religiosos de ninguna iglesia, y lamenta que ninguno de los pastores lo visite.

Un día de vida es un día de experiencias, aprendizajes, interacciones. Un sin número de sucesos e ideas ocurren entre el levantarse y el acostarse. De ello somos testigos todos, especialmente personas como Argemiro Agudelo que a sus 91 años continúa enfrentando la vida con las dificultades propias de la edad.

Es común, en el género literario, comparar metafóricamente la belleza de la juventud con la primavera, y la pérdida de habilidad, fuerza y lozanía de la vejez, con el ocaso. Es un proceso biológico imposible de detener, y mucho menos de revertir. La pérdida de una condición es la elevación de un estado. El desgaste del organismo físico da paso a la lucidez y plenitud del espíritu. He ahí la claridad y serenidad del anciano.

lunes, 16 de diciembre de 2019

JORGE CARVAJAL: Pasión por los caballos


JORGE ELIEZER CARVAJAL

Jorge Carvajal montando la muy recordada mula Canela

Nació don Jorge Carvajal el 21 de marzo de 1948 en el Cañón de la Esmeralda, por San Jorge. Cuenta con 70 años de edad. Sus abuelos vivieron y murieron en San Jorge. Siempre ha tenido deseos de visitar su lugar de nacimiento pero nunca ha tenido la oportunidad.

Casi toda su vida la ha vivido acá en el municipio de Peque, solo en el desplazamiento que vivió el municipio en el año 2001, se ausentó durante 5 años. Un año lo vivió en Medellín y de allí partió para el Corregimiento de Saiza, municipio de Tierralta, Córdoba. Nuevamente la violencia lo hizo desplazar de Saiza. “Otra vez pa´ Carepa. Ahí estuvimos un tiempecito mientras recogíamos las cositas y entregábamos el ganado”, recuerda.

Don Jorge es hijo de doña Carmen Emilia Carvajal e hijo de crianza de Antonio José Valle, más conocido como el “Mono Valle”. Tuvo dos hermanos menores, ya fallecidos, por parte de su madre. Su hermano Bernardo murió en El Tres, Turbo, asesinado por los paramilitares en 1990. El otro hermano, Antonio José, falleció en Dabeiba hace tres años. “Él bebía mucho aguardiente, y fumaba mucho. Y eso le dio cirrosis y eso se lo llevó”, agrega.
Antonio José y Carmen Emilia, padres de Jorge Carvajal
OCUPACIONES Y OFICIOS
Guardían de la cárcel municipal
Fue Jorge Carvajal “guardián” de la cárcel municipal durante cinco años. “pues ahí trabajaba uno, se ganaba el mínimo, la comidita. Hasta me tocó algunos días con don Aquilino y Miro Torres”. En aquellos tiempos era mucha la gente, por peliona, que se hacían meter a la cárcel. “Yo me acuerdo una vez que metieron a Perrunga porque le metió un botellazo a Zumbambico, hijo de Pedro Jaramillo, muy mencionado en la violencia. Los metieron juntos a la cárcel y como a los dos o tres días sacaron a Zumbambico pal hospital pa´ safale los puntos, y eso le dolió mucho y bajó que chillaba, y Perrunga que gozaba (…) a Perrunga le gustaba mucho la pelea. Fue el que le dañó también un ojo a Abdián, el de San Juliancito”, comenta.

Aunque la administración de ese entonces dotaba con revólver Colt Caballo al guardián de la cárcel, don Jorge nunca se vio en la necesidad de usarlo. “Con ese revólver mató un hijo de Nena Rivera, Sigifredo Rivera, a un viejito que metieron a la cárcel y se fue a volar, le metió un tiro por la espalda. Esas mujeres nacieron vendiendo guarapo en la casa de Abraham Londoño”, recuerda.

Entrenador y comerciante de mulas y caballos
En un pueblo de geografía montañosa con un 90% de la población campesina, la mula y el caballo han jugado un rol importante en el desarrollo del municipio. Hasta hace poco, antes que la mula fuese reemplazada por las motos y los vehículos, en el casco urbano del pueblo, junto a las tiendas de abarrotes y compras de grano, llegaban las mulas cargadas de café, fríjol y otros frutos del campo. De estos sitios partían con panela, arroz, aceite, papa, chocolate, sal y galletas para las veredas y corregimientos. La melaza, el salvado y el campeón eran el combustible que movía los motores de estos animales.
En el video, Jorge entrenando uno de sus caballos

“En mi vida me he dedicado más que todo al negocio de los animales, bestias. Yo tuve una mula del burro de Guayabal, la compré de 25 meses y apenas le habían pegado como dos ensilladas. La compré y la seguí yo, y la saqué adelante, y la vendí en ocho millones de pesos. Llamaba La Canela. Esa mula la amansé y a los 29 meses la vendí pa´ Medellín (…) Conseguía un tabrete y le decía, Canela, súbase aquí, y esa ahí mismo encaramaba las manos en el tabrete. Le decía, Canela, deme un pico, y estiraba la jeta pa´dame un pico”, comenta.

Como todo bien preciado por las personas, los animales, según su propósito, tienen cualidades. Una mula, que en el criterio y conocimiento general se considera “fina” tiene estas características: “por la mansedumbre, el paso. Lo dócil la mula, lo briosa la mula y mansita para todo. El animal de acuerdo al montador se va adiestrando”.
Foto de la cédula de Jorge Carvajal


Sucedió el caso que Jorge Carvajal montaba la mula de un señor de Sabanalarga. El señor se comprometió a dar el cuido para el semoviente. Transcurrieron tres meses y el dueño solo envió dos bultos de cuido. El montador, Jorge, tuvo que hacerse cargo del cuido de la mula, tarea un poco difícil para él. Le envió la mula a su dueño en Sabanalarga. El dueño se enojó mucho porque le fue enviada su bestia y por su descontento no pagó la montada. Antes de enviar la mula, Jorge le ofreció 5 millones por ella. El dueño no aceptó la oferta, pero ya en sus manos la vendió en cuatro millones y medio. Lo que no sabía su dueño era que por el suroeste ofrecían hasta ocho millones de pesos por ella.

Muchas han sido las bestias montadas, o más bien entrenadas en el paso fino, por Jorge. Las ha amansado y las ha enviado vendidas para Medellín, Urabá, Ituango,  Santa Rita “He vendido mucha mula pa´mucha parte. A veces me llaman y me preguntan ¿qué tiene? Si tengo alguna mula de silla les digo, tengo una mula de silla. Les mando un video, ellos la ven. Si se animan la vemos, o me piden garantías, yo se las doy. Que no tenga resabios; si tiene resabios, hay que decile al cliente. Al uno vender un animal que el otro no esté viendo, debe uno decile las condiciones que tiene el animal”.

Las redes sociales se han convertido en un gran aliado para los criadores y comerciantes de semovientes como Jorge Carvajal. El interesado en un semoviente mular o caballar puede pedir a su dueño las fotos o el video de los animales.

Jorge: Hombe, le mandé el video de la mula a Pablito. Le gustó mucho
Amigo: ¿Le gustó mucho? ¿Qué dijo?
Jorge: Me exigieron que les mandara un video de la mula sin silla
Amigo: Ahh, desensillada.
Jorge: desensillada. Que es pa´un señor ya de edad. Vea este de Rodriguito.
Amigo: ¿Hijo de este? –señalando al burro.
Jorge: Hijo de este.
Amigo: La yegua es mora, ¿cierto?
Jorge: La yegua es guacharaca.
Jorge, en la pasión de su vida: los caballos.
Desde la edad de 12 años viene don Jorge criando y negociando con animales. Se inició con un marrano que le regaló su madre y se compró su primera muleta. A esta actividad le agradece mucho ya que con ella ha criado a sus hijos. “En el momento tengo un potro,´ta de 15 meses, hijo de un caballo, de los caballos mejores de aquí de Colombia. Hijo de Predigio de Maria Rosa. En el YouTube, lo ve. Encuéntrelo, búsquelo, pa´que vea la calidad de caballo. Yo compré ese potro en San Pedro de Los Milagros con la yegua. Me lo vendieron porque el potro nació torcidito la nariz. (…) Lo tengo por allá por La Vega. Lo tengo pa´ reproductor. El mero semen de ese caballo –Predigio- vale 3 millones de pesos”, afirma.

Jorge Carvajal también compra bestias fuera de servicio, aquellos animales que llevaron durante años en sus lomos a personas o carga. A diferencia del trabajador colombiano que se pensiona, la bestia vieja, renombrada como “güelengue”, tiene otra suerte, y ella depende de su dueño. Pocos optan por dejar estos animales en sus potreros hasta que mueran. La mayoría las venden a particulares que las llevan a la ciudad de Medellín. Jorge sostiene que estas bestias son sacrificadas para el consumo de su carne.
Su hijo Ronald montando la mula Canela


En cuanto al mercadeo de estos güelengues en Medellín, Jorge Carvajal asegura: “vea, usted llega a Medellín con un viaje de güelengues, y vea, a cómo, a tanto le pago, ahí mismo. En cambio un viaje de ganao, descárguelo, entrégueselo al comisionista, el comisionista lo vende con ocho días de plazo, y espere la plata.  Y los güelengues se la pagan a uno ahí mismo. Que le parece, un kilo de carne en Medellín vale por ahí 18 mil pesos, más o menos. Y un kilo de carne de mula o de caballo vale por ahí cinco o seis mil pesos. Entonces ahí mucha diferiencia pa´ llevar alguna cosa pa´ la casa (…) Más blandita la de caballo, así estén viejos todos dos. Pero la de mula si es dura”.

Concejal del municipio
Con solo tres años de escolaridad, Jorge Carvajal, por los años 80, fue concejal del municipio. Uno de los proyectos significativos aprobados por el Concejo de este tiempo (entre otros, estaban Jaime Graciano, Miguel Higuita, Donaido Valle) fue el de un préstamo ante el IDEA por diez millones para electrificar a San Miguel y Santa Agueda. “Aprobamos el proyecto de las piscinas, aunque después de haberlo aprobado reconocimos que habíamos cometido un error, porque primero debiéramos de haber montado la planta de tratamiento de agua. Pero el señor alcalde, con muchas ganas de ir primero a lo de las piscinas, el hombre no quiso echar pa´tras. Tampoco le aprobamos a él un carro para él andar, un préstamo al IDEA por 40 millones de pesos. Endeudar al municipio por 40 millones de pesos”, recuerda.
Descanso de un domingo en la tarde 

Otro proyecto novedoso para la época fue la adquisición de un caballo “pura sangre”. En sus palabras lo recuerda así: “habíamos hablado de un caballo de silla. Yo propuse que era mejor un caballo pura sangre para enrazarlo con las lleguas de los campesinos aquí en esta zona porque esos caballos son muy resistentes al trabajo, son caballos muy grandes, caballos solo pa´trabajo. Entonces en vista de mejorale la bestia a los campesinos, le dimos esa insinuación al señor alcalde, Omar. Y sucede que, Omar, fue y compró el caballo pura sangre pero no estaba financio para pagalo. No tenía la plata pa´pagalo. Y sucedió que él iba a sacar plata de educación para pagar ese caballo, y no se podía. Entonces nosotros le dijimos: de esa plata de educación no se puede sacar pa´pagar ese caballo. Eran como cinco millones de pesos. Entonces le tocó al hombre devolver ese caballo. A ese caballo no se le cogió ni una cría aquí. Y tuvo por ahí como tres o cuatro meses ese caballo aquí. El dueño lo recibió pero se le tuvo que pagar el quite”.

Carnicero
Jorge Carvajal fue carnicero durante ocho años. En aquellos tiempos la carne se envolvía en hoja de biao. Recuerda que uno de los que más bajaba hojas de biao para las carnicerías era Sigifredo Oliveros. Los paquetes de hoja venían por docenas. Del corregimiento Los Llanos también bajaban  mucha hoja de biao. Como en ese entonces no había enfriadores ni cavas, la carne tenía que salarse. Así salada duraba hasta ocho días.
Hojas de biao. Usada, décadas atrás, por los carniceros
para envolver la carne

El ganado para el sacrificio se lo compraba al señor Juan Guerra. También compraba mucho ganado en otros lugares, en varias veredas en compaña con Manuel Rivera. “Un día me dijo Juan: hombe, andá subí arriba pa´ que me compres una vacas que tengo. Tengo cuatro vacas ahí. Yo tenía una soga muy buena, delgadita, colgada del cacho, me la había cortado un señor, don Isidro en Cañasgordas (un cortador de rejos muy bueno). Y era un rejo delgadito, por ahí de unas 45 varas. Y al Negro le gustaba mucho ese rejo. Él, cada rato: ¿hombe, cuánto vale ese rejo? No, lo necesito. Entonces llega un día, cuando fui a vele las vacas a Juan Guerra: Jorge, cuánto vale esa mula con silla y todo, con espuelas y todo. Y ahí estaba pegao ese rejo. Y, ¿cuánto me vas a dar por el toro? Hombe, le vendí la mula aviada y le compré el toro. Le dije yo al negro y a él: ese negocio Juan, fue por quitamen el rejo. Apenas se reía el viejo Juan Guerra. A los ocho días le entregué aquí la silla con todo y rejo”.

Con gran aprecio recuerda Jorge Carvajal a Juan Guerra. Sostiene que el afecto que le tenía Juan era como el de un hijo. Le dijo que la Finca el Poal la tenía empastadita y se la ofreció para que echara unos terneros en ella. “Me hizo un cheque en blanco y me fui. Por allá, me fui pa´ Cestillal, un señor Ricardo Pereira, y llamé a Juan.
Jorge: Juan, yo compré aquí 50 terneros a Ricardo Pereira
Juan: Ahh. No, dígale que esté tranquilo, que vaya por la platica a Medellín que está allá”.
El ganado estuvo en El Poal hasta que Juan murió. Luego de lo cual debió liquidarse con la familia del fallecido.

Familia
Luego de un año de noviazgo, y superando la antipatía de su suegro -que era viudo- y algunas cuñadas por la relación, Jorge Carvajal contrae nupcias con doña Ruth Giraldo Rodríguez, hermana de doña Lilian Giraldo. "La única que no se metía, tampoco le decía nada a ella, era Gloria, una hermana de ella. Pero Amanda si la regañaba diario que estaba por ahí hablando con migo", sostiene. Contra viento y marea Jorge y Ruth se casan, tienen cuatro hijos: Milton, Edwin Oswaldo, Nixon y Ronald. Nixon fue asesinado en el municipio de Bello en 1997.
Jorge y su esposa Ruth


En extrañas circunstancias, Edwin falleció un día viernes de 1990. Sin orden de detención, la policía cogió a Edwin y a un primo por los lados de Tejelo, Medellín.  Los subieron a la patrulla y aparecieron muertos por los puentes de la Avenida San Juan, por los lados de la Alpujarra. Luego de muchos años, Jorge, por versiones de un paisano que se desempeñaba como celador del edificio de la gobernación conoce un posible detalle del suceso: "(...) la muerte de esos muchachos, ellos gritaban auxilio y habían dos camionetas de la policía ahí. Nosotros nos fuimos a asomar. Ellos oyeron los lamentos y fueron a asomarse entonces la policía hizo unos tiros. Ellos tuvieron que retirarse. Eso fue por ahí a las once de la noche". Falleció Edwin con un contrato laboral firmado con Edatel, en su poder. Empezaría labores el lunes siguiente a su muerte en el municipio de Dabeiba.

Aunque se ha reducido considerablemente el uso de semovientes para el transporte y la carga en el municipio de Peque en los últimos 12 años, el gusto por los caballos no acabará y estarán ahí recordándonos a los humanos que antes que los carros de combate, los aviones de caza y los navíos de guerra, los reinos en el pasado se conquistaron con los caballos. Y, ahí está Jorge Carvajal, reviviendo esa relación permanente entre la grandeza de los hombres y la opulencia de los caballos.


domingo, 6 de octubre de 2019

GUSTAVO URREGO: ¡Cómo que Urrego, hombre! ¡Si el apellido es Orrego, con “O”.


GUSTAVO ANTONIO URREGO SIERRA



-       Cuál es su nombre?
-       Gustavo Antonio Urrego Sierra
-       ¿Urrego? ¡Cómo que Urrego, hombre! ¡Si el apellido es Orrego, con “O”.
“Así jodió y jodió hasta que tocó fue cambiámelo. Legalmente yo soy Urrego con la U (…) _En la cédula quedó con O_ Entonces yo montao en la verraca tanto tiempo. Ya tiene que ser así”. Así se sumerge don Gustavo Urrego en su pasado recordando a un policía en el municipio de Uramita que le obligó a cambiar la primera letra de su apellido. “¿Usted es que tiene los oídos por el culo?”, le decía. Tuvo que hacerlo porque veía a este policía cada semana cuando iba allí como arriero y le reclamaba de manera persistente por el cambio de apellido.
Nació don Gustavo Antonio Urrego Sierra un 16 de julio de 1930. Es del caserío de la Vereda Jerigua, conocido como Sabanas. Hermano de Dorancé, José María y Franco. Fueron seis hermanos en la familia. Hijos de Telésforo Urrego y Carlina Sierra. Era don Telésforo de los lados de Buriticá, hijo de Eulalia Betancur y José María Urrego.

En la foto se aprecia a don Gustavo Urrego con su esposa
y uno de sus hijos, Jairo

Con los años la memoria se va perdiendo y don Gustavo no sabe si de la familia han fallecido dos o tres hermanos. Su esposa, Anatulia, es la que sabe quiénes han fallecido de los hermanos de su esposo. “han fallecido la muchachita. Era una sola muchacha. Hilde también murió”. Irene llamaba la hermana fallecida de Gustavo.

En cuanto a la escuela, Gustavo dice que “mantenía más en el monte que en la escuela (…) me mandaban pa´la escuela, entonces yo me quedaba por ahí en el camino. Me metía por ahí en un lado y me quedaba hasta tarde”.  En algunas ocasiones es el maestro el que desmotiva la asistencia y permanencia del niño en la escuela. “Me despachaban pa´la escuela con el almuerzo, pero había una profesora muy brava con uno. Y entonces el castigo era ponerles dos piedras grandes en la mano arrodillao en el suelo. Y entonces de sobre mesa, una regla en la mano, taque, taque. Hasta se reventaba esa regla. Por cualquier cosa castigaba a uno”

Era la profesora Ana Mercedez Arango quien enseñaba en la escuela de Jerigua por aquellos tiempos. También recuerda a la profesora Rosita y dice que también era muy brava. Sostiene que Rosita era de Buriticá.
Foto tomada en Uramita en sus tiempos
de arriería. Allí se le obligó a cambiar
de apellido


La mala memoria también puede ser debida a un accidente que tuvo en la escuela mientras jugaba. “Estábamos jugando el ratón, y entonces la escuela tenía por detrás una pared muy alta. Entonces las muchachas se cogieron de la mano pa´tapar de la barranca a la pared así, pa´tajanos los que estábamos jugando el ratón. (…) yo no recuerdo como caí de pa´tras y me hice un roto por aquí vea. Me llenaron la cabeza con agua y salía toda salobre agua con sangre…bajaba por el gañote. El agua me entraba por el hueco y de ahí me pasaba al gañote. Estaba roto, roto. Eso me bajaba por aquí pa´bajo, yo sentía que me bajaba eso por aquí”, asegura. Fue una compañerita de estudio la que saltó y le puso los pies en la frente empujándolo hacia atrás provocando que Gustavo se fuese hacia atrás y cayese su cabeza sobre una piedra.

Por esos tiempos, los niños, jóvenes y adultos menores de 21 años usaban pantalones cortos. “Eso era moda”, dice Gustavo.

El único día que Gustavo Urrego usó zapatos fue cuando se casó. “Yo no quise joder más con eso", dice. Es difícil, o imposible, que alguien del pueblo diga que lo ha visto con zapatos. Siempre ha usado albarcas, y muchas veces también anduvo descalzo.

Casado con doña Anatulia Higuita, don Gustavo tuvo ocho hijos de los cuales viven cinco. No recuerdan el nombre del primer hijo, el cual falleció. El segundo fue una niña, la cual también falleció, y se llamaba Olga Lucía. Los otros hijos son Amanda,  Jairo y José.  Otro hijo fallecido, o más bien asesinado, fue Gustavo Adolfo, conocido en el pueblo como Pepe. El único pecado de Pepe fue encargarse de la venta de pescado de un amigo mientras este iba a almorzar en su casa. La orden era asesinar al vendedor de pescado que se encontraba en ese momento en el parque, y el único que estaba vendiendo pescado era Pepe. La historia está llena de cambios de turnos y horarios con los que unos pueden alargar sus días y otros encuentran a la muerte.
Gustavo con su esposa Anatulia en su casa del Cielito

Gustavo no la pasó tan mal en la época de la violencia política. Con la esposa huyeron hacia Uramita y allí permanecieron tres meses. Regresaron a Peque cuando el ejército hizo presencia en este caserío.

Dice Gustavo y Ana Tulia que a ellos les tocó vivir en los tiempos en que todas las casas de Peque eran de bareque y paja. “estos eran unos pantaneros, unos pedreros”. Los materiales de las viviendas, el calzado, o ausencia de él, más otras condiciones asociadas a las formas de vida, favorecían la presencia de ratas, cucarachas, pulgas, piojos y niguas. Quien hoy cuente con más de 50 años de vida puede recordar los tiempos cuando era común contar el número de piojos que caían sobre un pañuelo o una sábana blanca pasando múltiples veces la peinilla sobre la cabeza.

En aquellos tiempos el acueducto no llegaba al interior de cada vivienda. Había que ir por el agua hasta El Caliche, hoy El Paraíso. Luego de eso se construyeron unas pilas en sitios estratégicos del pueblo donde las personas iban, cerca a su casa, a recoger el agua. La pileta más cercana para Gustavo y Ana Tulia quedaba donde hoy quedan los tanques para el tratamiento del agua.

Don Gustavo Urrego fue arriero durante mucho tiempo. Trabajó arriando para Uramita con seis mulas propias, sin ayudante, él solo. Recuerda que se iba en tres jornadas: de Peque a Romeral, de Romeral a San Benito, y de San Benito a Uramita. “Había veces que nos veníamos en dos jornadas de allá pa´cá. De Uramita hasta Juntas. Y de Juntas hasta´quí”. Inició en la arriería como ayudante, de 9 o 10 años. Como ayudante debe desenjalmar las bestias, llevarlas al potrero y recogerlas al día siguiente. “Yo andé en ese tiempo, mucho tiempo, a pata limpia. Tenía callo pero me dio viruela y me botó el callo pa´la porra”, dice.

Como proveedor de los abarrotes de Uramita para Peque recuerda a Luis Gómez. Él compraba a los arrieros el café y el fríjol, y les vendía panela, sal, chocolate, parva, gaseosa, cerveza.


Por las historias y jornadas de los arrieros, hoy sabemos el significado y sentido de la bien conocida palabra “fonda”. Eran las fondas los sitios intermedios de los recorridos donde los arrieros posaban una noche para al día siguiente seguir la jornada. Allí les vendían comida, trago; también les ofrecían hospedaje. Igualmente era muy común que en esas noches, arrieros, dueños de fonda y empleadas armaran rumbas animadas con música de cuerda o antiguos equipos de música como la vitrola.

Las fondas también fueron lugares de amores y placeres. Gustavo siempre fue esquivo a esos amores fugaces, “me daba miedo ombe…las pestes, las pestes (…) más bien eso que llaman gonorrea, dizque potros”, manifiesta.

Don Gustavo recuerda que como ayudante de arriería le pagaban un peso por día de trabajo por lo se ganaba entre cinco y seis pesos por semana; un plato de comida en una fonda valía 50 centavos; la empotrerada de una mula valía 20 centavos.

De los arrieros de su tiempo recuerda a Marcos Mejía. A quienes les llevaban y traían carga era a Daniel Guerra, hermano de Pacho Guerra, Juanito Hernández.

A Gustavo le encantaba el trago. “Lo que más compraba era guarapo. El Jundungo era la propia mata pa´l guarapo. Lo vendía Ermelina Girón. La medida era la totuma. La totumita valía a 50 centavos. (…) El guarapo lo hacían de panela. Yo no recuerdo qué le echaban a eso que quedaba tan fuerte hombe. Las tinajas eran hechas de barro. La barriga era anchita y la boca más estrechita. Yo no recuerdo cuántas cocadas me tomaba, pero ocho o diez era facilito. Con veinte cocadas paraba las patas por ahí”.

Fue Gustavo Urrego hombre de pocos amores. Inicialmente dice que la única novia que tuvo fue su esposa. Aunque también reconoce que estuvo enamorado de una hermana de Panza. “También tuve otra novia que me quería casar con ella también. Entonces era muy querida, hombe. Tenía otro novio. Entonces ella me decía que no y que no. Me negaba. Hasta que a lo último me dijo que también lo quería a él. Entonces, ¡vaya a la mierda!”.

Hoy don Gustavo Urrego descansa en su casa con su esposa en el sector del pueblo nombrado El Cielito. Colgó los rejos, la mulera, el machete y el azadón, no por gusto, sino por porque la vida le pone retiro obligatorio a toda persona sin importar su ocupación, clase social y experiencia de vida.

Genealogía e historial genético
Dice doña Ana Tulia, que es más conversadora y con la memoria más fresca, que por parte del padre de don Gustavo Urrego, él era hermano de doña Rafaela Higuita, esposa de Marcos Mejía.

Fallecimiento
Don Gustavo Urrego deja el mundo material el sàbado 25 de julio de 2020 a las 8:30 am en el hospital del municipio luego de permanecer allì durante ocho dìas por complicaciones en su salud.


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ADRIANO GRACIANO HIGUITA   - ¿Cómo dice aquí? - le pregunta alguien mostrándole un sobrecito de azúcar. – ¡Azúcar!- responde Adriano m...