sábado, 9 de febrero de 2019

LUIS ÁNGEL GONZÁLEZ - FATIGA: PELE Y COMA...¡Y CHUCE!


LUIS ÁNGEL GONZÁLEZ OLIVEROS

En la foto: Luis Ángel en su puesto habitual de los sábados y los domingos 
atendiendo amigos y clientes.



Estando viviendo con ella y echarse la soga al cuello”, es la expresión que lanza don Luis al referirse a la pareja que contrajo matrimonio en enero de 2019 luego de más de veinte años de convivencia. Y es que para esta boda don Luis fue invitado como padrino. No fue nada trascendental, fue en la misa de 12. Luis se encontraba atendiendo su puesto de venta de alimentos –tamales, huevos sancochados con arepa, arroz con leche y bananos- cuando llegó el novio y le dijo “venga pues que ya es hora”. Luis dejó su sitio de trabajo y fue a apadrinar a una pareja que desde hacía un mes le había pedido ese favor.

En una relación de pareja, las parejas son perfectas, o perfecto el rol que desempeña cada miembro. Parece que los complementos se fundamentan en actitudes y personalidades en oposición. La benevolencia apacigua la ira; la verdad delata a la falsedad; la sumisión cede ante la dominación. En palabras de Luis, lo resume así: “lo que le digo es que esa señora es muy aguantadora; ese vergajito es muy necio. Ese verraco es como enamorao”

Todo en la vida cambia, hasta los contratos conyugales no son lo mismo ahora. “Yo me casé y ran, ran. Recibe a fulana por esposa y mujer. Y nos casaron, y desen la mano, y ya. Y ya no había nada más que firmar ni nada. Uno iba y firmaba el documento allá en la casa cural…y en la iglesia no tenía que firmar nada. Ahora tiene que firmar allá en la casa cural y venir a firmar allí. El matrimonio que conste que sí se casaron. No sé si es para los de primera, o si es para los que viven arrejuntaos. Eso queda comprometido en dos veces”.


El compromiso y la honestidad de los contrayentes no se mide por la cantidad de invitados ni por los gastos generados. Luis cumplió con el favor y volvió a sus ventas como es costumbre los sábados y los domingos. No se sabe de fiestas, de luna de miel ni de viajes de boda. “Yo los largué allí en la puerta y no supe pa´donde voltiaron. Yo me vine pa´ca. Yo creo que ellos están haciendo viaje pa´isen (se refiere la vereda)”, dice Luis con risas que denotan lo ordinario del acto.

INFANCIA Y ESCUELA
Luis Ángel González Oliveros nació el 7 de agosto de 1947. “Cada que se llegue el 7 de agosto, Día de la Independencia, cumplo yo años”, lo dice con patriotismo. Cuenta en el momento con 71 años cumplidos. Luis Ángel es hijo biológico de Laura Rosa Oliveros –fallecida- pero fue criado por dos hermanos: Maria Cecilia González y Apolinar González -biatos- quienes lo adoptaron desde los dos meses de nacimiento. Fue criado en Las Faldas del Café. Y en esa suerte que le dio la vida la gente le comentaba cómo fue su infancia: “Dizque me metía en esa maca y ahí me dejaba todo el día. Y yo chille y berre ahí con hambre y nadie dizque llegaba a dame comida. Entonces en esas…y las otras, estaban ellos dos poniendo cuidao, entonces vieron que no había quien respondiera…entonces me cogieron a mí. Me sacaron de la´maca y comenzaron a limpiamen la nalga, y a ver por mi, y a ponemen cuidao. Ya mi mamá no llegó más”.

Luis Ángel era un bebé en los tiempos de la Violencia Política en Colombia. Dice que sus padres adoptivos lo llevaron entre un canasto por los lados de Juntas de Uramita. “Por ahí amanecían conmigo y al otro día volvían y seguían, y hágale, y nadie más se oponía a la vida mía”.

Inicialmente Luis dice que no tuvo escuela porque el papá y la mamá vivían muy lejos de la escuela. “En esa época, cuando se estudiaba, se estudiaba día por medio”, recuerda. En esos tiempos, la escuela no era mixta. Los niños asistían unos días a la semana, y las niñas asistían los otros días. “No es como ahora. Un grupo de gente pa´la escuela. Todos, mujeres y hombres ahí reunidos”.

En la imagen: Iván Guerra, Pimo. Otro cliente de Pele y Coma
Refrescada su memoria, Luis dice que probablemente si fue a la escuela. “…o demás que sí iba, pero entonces uno como lo pasaba era jugando, no aprendía nada (…) En ese tiempo jugábamos era chocho. Yo no aprendí nada”. Gracias a su padre, quién le enseñó a leer, y un poco a escribir, hoy puede dar cuenta de lo que está escrito. “Yo mantengo leyendo por ahí cuadernos, libros. Cuando tengo tiempo leo biblia, libros”.
Él único maestro de su infancia que recuerda, y no por su nombre sino por su apodo, es a “Repleto”. Ante un sobrenombre que puede generar diversas ideas sobre su origen Luis dice: “En ese tiempo era muy tesa la escuela. Entonces resulta que Donaldo (hijo de Manuelito Guerra) era peliador. Echaba bonche todos los días. Pero resulta que el profesor lo cagó, entonces el Donaldo le dijo Repleto. Yo estaba en esa escuela ese día. Le dijo, Repleto hijueputa. Le dijo al profesor chiquitico, era un profesor así chiquitico. Me parece que era Ramón que se llamaba”.

Ya imaginamos la sanción para un alumno de aquellos tiempos que faltaba al respeto del profesor. Dice, “el profesor echó a Donaldo, claro. Lo echó de la escuela”. Y el apodo para el profesor se popularizó en todo el pueblo. “Donaldo lo bautizó así, y entonces la gente quedó llamándolo Repleto. Como era al medio de toda esa gente (…) como fue a la vista de todos los compañeros de estudio, por ahí 150 estudiantes, entonces los otros estudiantes ya le decían era Repleto, y ese viejo le chocaba mucho”.

Luis describe al profesor de pequeña estatura, barrigón y grueso. Cuatro años que permaneció el maestro en el municipio, debió soportar aquel sobrenombre. “lo llamaban y le chocaba mucho; se ponía que escarbaba de rabia”, recuerda.



El castigo que había originado el enojo del estudiante para que bautizase al profesor con ese apodo, era el más conocido en esos tiempos: golpear de manera fuerte la palma de la mano del estudiante con una regla. “Yo estudiaba de aquel lado (San Juliancito) aquí. Eriberto y yo, estudiábamos los dos aquí, Mira la señora, Nelson, Juvenal Valderrama, Libia, Nena, Gilma. Toda esa gente estudiábamos aquí”, dice.

Fue en la escuela jugando con sus compañeros donde Luis ganó su apodo con el cual es conocido en el pueblo: “Fatiga”. No se sabe por qué sus compañeros lo renombraron así. Nombre de pila contradictorio a lo que en realidad representa, o más bien el más indicado para describir a una persona que ha luchado contra las necesidades propias de la pobreza. Con su trabajo y esfuerzo sacó a sus hijos adelante, ha luchado por sus nietos, y gracias a ello, ahora sus bisnietos le dicen “papito”.

Luis es de los González de San Juliancito, primo de ellos. La difunta Nena y el difunto Miguel eran primos hermanos, y eran primos hermanos de él. “Eriberto, ese que saca frutas del otro lado, es primo hermano mío (…) Gonzáles, Gonzáles vivos, no está sino Eriberto apenas de esa familia. Hay Gonzáles, pero ya hijos de él. Pero la familia vieja de Gonzáles viejos, no hay. No queda sino él”, aclara Luis.


Familia sudor y sufrimiento
Tenía Luis 27 años de edad cuando se casó con doña Robertina Durango. Su matrimonio perdura como la durabilidad de muchos artículos del pasado. “Conozco gente de 40 años dejando la obligación por cualquier parte. Unos viejos y otros porque son necios. Usted puede vivir 40 o 50 años y llega el momento en que le choca la mujer, o uno le choca a la mujer, por circunstancias de la vida, entonces se aborrecen. El uno voltea por un lado y el otro por el otro”, opina.
En la foto: Luis, en una tarde de descanso, viendo las imágenes que le comparte Carlos Zapata de su WhatsApp.

De su matrimonio con doña Robertina tuvo ocho hijos. Con su esposa trata de ser lo más comprensivo posible, cosa de la cual pueden dar crédito sus hijos: “no me ven diciéndole ni esto, vea, ni esto”. Dice que cuando el hombre se maneja bien con su compañera, los hijos pueden interceder por papá cuando la esposa echa cantaleta de manera excesiva y que esto puede aburrir al hombre originando la separación.

Se crió Luis por los lados de Santa Agueda y su primera posesión de tierra fue en Platanar. “La primer tierra que yo conseguí, en ese entonces, era muy cara la tierra. Me costó ciento treinta mil pesos, o cien y pedacito. Eso lo tenían era los ricos. Yo vendí eso en 150”.

Para una persona de escasos recursos le era imposible pagar esa suma de contado. Para tener acceso a la tierra, debía haber un trato acordado de pago. Luis dice: “Yo pagué esa tierra a trabajo, a jornal. Y cuando eso, el jornal era por ahí a 25 o 30 pesos el día. La gente trabajaba por 20 pesos un día enterito…por 20 centavos, digo. Pero yo empecé a tener esa tierra estando joven. Entonces en la casada yo vendí eso. Y compré por allá en El Agrio una tierra. Yo viví en El Agrio un año (…) entonces yo vendí esa tierra allá como en 180 mil pesos. Por allá me resultó esa tierra con problemitas, entonces yo no me amañé, y vendí eso. De allá me vine con esa platica y compré esa finca que tengo ahora”.

Vueltas puede dar un hombre, aún dentro de su mismo territorio, hasta finalmente hallar el sitio en el que puede levantar a su familia. “Aquí en San Miguel, al otro lado de Rosendo. Eso llama por ahí El Chulí. La cañada del Chulí llama eso. Por ahí finca de café es sino la mía penas. Por ahí no hay café en ninguna parte. En la mera cafetera mía y el resto ya es rastrojo. Eso es de Riche David”.

La devaluación de la moneda pone a los viejos a hacer comparaciones de valor de las propiedades entre un tiempo pasado y uno más reciente. En sus apreciaciones el dinero no pierde valor sino que son los bienes los que ganan precio. “Y entonces en ese tiempo se hablaba era de pesos, y de ahí pa´cá se fue a miles. La plata se fue multiplicando prontico, prontico. Cuando yo compré allí, ya eran mil, ya no eran pesos. Ya no eran 37 pesos sino 37 mil pesos. Pa´que vea como es que la cosa va bailando”, manifiesta Luis.

En el video: Carlos Zapata no se puede resistir al sabor de los huevos duros.


El trabajo siempre ha sido aliado del hombre virtuoso. Quien presenta esta cualidad recibe las mejores ofertas en momentos difíciles y de necesidad. Así nos lo comenta Luis: “37 mil pesos era un infiernal de plata, pero mucha plata. Pa´uno hacer esa plata tenia era que mayajiar mucho. Tenía yo siete reses en esa finca, cuando me dice Riche David: te voy a vender ese rastrojo ahí´hombe. Usted que es un tipo trabajador, guapo y te estimo hombre, y vos sos verraco. Ahí no había ni un palo de café, no había ni una mata de banano; no había nada. Eso era un rastrojo y eran unos barrancos. Ahí no entraba ni el ganao. (…) entonces me dice: te voy a vender el pedacito de tierra y te tomo el ganao que tenés pa´que vias vos. Y yo le dije: ¿y con qué te voy a pagar el resto pues? –hombre, me lo vas pagando a trabajo que sea, hombre. Y me metí. Le di las siete reses. ¿sabe cuánto me dio por esas siete reses en ese entonces? 27 mil pesos. Y la tierra costó 35. ¿cuánto le quedé debiendo? Ocho. (…)Ya estaba casao yo. Pero le pagué esa tierra cosechando frisol, jornaliando”. Hoy en día Luis Ángel está muy agradecido con Ricardo David por creer en él y darle la oportunidad de tener su tierra para cultivar café, banano y adecuarla para el ganado.

El matrimonio de Luis Ángel fue muy parecido al matrimonio de enero de 2019 en el que él actúo como padrino, aunque con necesidades pudo hacer una modesta fiestecita. Al día siguiente de su matrimonio, que fue un sábado santo, consiguió dinero prestado con el difunto Luis Urrego, “veinte mil pesos pa´mercar porque yo era en luna de miel pero no tenía comida en la casa”, dice Luis con sinceridad.
Durante años debió pagar arriendo para vivir con su familia luego de venirse para el pueblo. Vivió durante ocho años en la casa de Chucho Rua. “Dentré pagándole a siete mil; por último, me lo puso a quince mil, de ahí me subió a veinte, y yo ya no fui capaz. Me quedé ahí porque le había pagado unos mesecitos por adelantao, y después se me cerró que no me arrendaba más”.

Los buenos amigos siempre aparecen en los momentos difíciles y son la salvación. “Pero como yo era tan amigo de los Jiménez, entonces hablé con los Jiménez, con Victor, Alberto, que era compadre mío. Pásese pa´esa casa abajo, pásese. Y me pasé pa´ya, donde era El Zoar, allá en toda la esquina, en esa casa que era de Juan Guerra. Eso era de tapia, ahora tiempos. Allá fui a retumbar”, así lo recuerda.

Barrio el Zoar
Algunas décadas antes, en el casco urbano de Peque, había una zona conocida como El Zoar; esta quedaba por la antigua salida para la Vereda Alto Bonito. “Un barrio de mujeres ahí, cantinas y bebedores. Eso se cayó; eso era una tapiería vieja”, afirma. Era muy común, años atrás, que en los pueblos provincianos como Peque, los lugares en donde el trago iba acompañado de otros placeres, estaban ubicados a las salidas de los cascos urbanos, una manera de evitar las miradas indiscretas y los malos comentarios.

Comenta Luis que el Zoar era un barrio de “mujeres calientes”, y que quien le daba vida y acción a este lugar era el difunto Juan Guerra el cual traía de a cinco y seis mujeres de Ituango (también se le unían a este grupo unas pocas mujeres locales que gustaban de este tipo de placeres); “ese era un sinvergüenziadero el hijueperra”, comenta.

En Pele y Coma no importa la talla de los clientes: gordos y delgados, todos son atendidos por igual por Luis Ángel.
No faltaron los incidentes, o más bien los hechos violentos en este lugar. Aquí murió de manera violenta un agente de la policía. “Se fue bravo pa´llá y en ese tiempo era muy verraco eso. Ahí se juntaba una gallada por ahí del campo pa dar machete y bala…y lo mataron estos güevones”, dice Luis.

Resistencia de los viejos para el trabajo.
Durante décadas trabajaron de sol a sol, o del alba a la penumbra padres, abuelos y bisabuelos. Nadie hablaba de horas extras, de explotación laboral o de códigos laborales. “La gente primero era muy verraca hombre. Jumm, en el tiempo que yo me alevanté, usted se levantaba era a las cuatro de la mañana y a las cinco ya tenía el taleguito con la comidita; y a las seis de la tarde no había salido del trabajo”, sostiene. Uno de los parroquianos que asiste a la conversación, agrega: “en ese tiempo el reglamento era, pardito pal´monte y oscurito pa´la casa”.

En nuestros tiempos, ni patrones ni trabajadores, se someten a semejantes jornadas, “y si usted de pronto por algún acaso le dice: hombre ahí que trabajar siquiera hasta las cuatro y media, le dicen no señor, yo no me comprometía a trabajar de noche”, lo dice Luis Ángel mientras ríe.

30 años de ventero
Luego de entregar la casa a Chucho Rúa, Luis y su esposa se muda para la casa de don Alberto Jiménez. Allí siguen ofreciendo los alimentos a módicos precios a las personas del campo. “Yo le abría oportunidades al campesino pa´que llegara ahí, con maíz, con panela, con café, con lo que quisieran arrimar ahí. Y al otro día eso lo llenaban de bestias así, vea. A levantar carga. Otros lo dejaban ocho o quince días ahí”, dice.

Los sancochos que preparaba la esposa de Luis los fines de semana para los campesinos eran posibles gracias a los fiaos que les otorgaba uno de los carniceros de la época. “Cesar Salas era carnicero en ese entonces. Entonces le dije yo a la mujer mía: vamos allí onde Cesar, camine pa´que él le fie cositas ahí. Entonces ya hablé con él (…) los sábados hacía un comidal de sancocho así, y yo el revuelto lo tenía en la finca. Traía dos, tres cargas de banano por semana, y el día sábado había comida. Y la mujer mía aprendió a trabajar sancocho con el hueso”.

Doña Robertina tenía un fin de semana agitado mientras su esposo Luis se la rebuscaba en las calles del pueblo. “Yo trabajaba aquí en la plaza con cigarrillitos en una casetica que se llamaba Kostazul. Me parece que era de Cenizo, o de Rigo o de José. De uno de ellos, yo no recuerdo; de este José Querenco. Yo trabajé mucho tiempo Kostazul. Vendía aguardiente, cerveza, cigarrillos, galletas, parva, banano maduro. Yo abría toda la semana; a la hora que yo tuviera tiempo. A lo último yo tuve una caseta de esas grandes, ahí. Eso porque me echaron de ahí (…) en tres veces trabajé en esa plaza: una bajo el mango, la otra me fui pa´lla donde hay un almendro al frente del comando. Entonces allá no se amañaron conmigo tampoco, entonces me mandaron pa´cá”.

La familia de Luis  está pendiente de que el puesto de venta siempre tenga el surtido básico de alimentos para atender a los clientes. Aunque las ventas son ligeras en unos días, en otros los huevos y los tamales esperan pacientemente. La ronda de una de las nietas al puesto confirma el hecho.
Nieta: Hola abuelo.
Luis: Quiubo mija.
Nieta: ¿Cómo va con eso?
Luis: Ahí, hay ventas
Nieta: ¿Todavía tiene?
Luis: Hay un poco
Nieta: Ahh, bueno. Chao.
Luis: Ahorita no manden nada.
Nieta: Bueno abuelo

La venta de bananos, huevos sancochados y tamales en la calle Candelaria es una solución alimentaria a campesinos y locales. Por algo el nombre popular de su puesto es “Pele y coma” como él mismo lo acredita. Desde 200 pesos que vale un banano, 500 pesos un huevo sancochado con arepa y 4.000 pesos un tamal, se puede apaciguar el hambre según el presupuesto.

La generación de Luis se ha multiplicado y ahora cuenta con nueve bisnietos. “Daniela ya tiene muchachita y esos son bisnietos ya. El Chavo tiene por ahí dizque un muchachito, también es bisnieto”. En esta casa se llena la olla para hijos, nietos y bisnietos. La preocupación por el alimento de los bisnietos es la misma que siente la madre por sus hijos. El plato del pobre rebosa más de amor que de abundancia. El humilde siempre confía que no faltará el alimento para su familia. Cada niño que viene al mundo trae su arepita bajo el brazo, dice el dicho popular de los pobres. La expresión de Luis "Pele y coma...¡y chuce! quizás indique que la vida solo da reposos para seguir luchando.


jueves, 3 de enero de 2019

ÁNGEL RAFAEL GIRALDO - TOÑO MARUJO: MUCHAS COSAS PARA VIVIR


ANGEL RAFAEL GIRALDO



Ángel Rafael Giraldo, conocido en el pueblo como “Toño Marujo”, nació el 19 de abril en el municipio de Peque. Cuando se le pregunta el año de nacimiento comenta que en la cédula dice, que no se acuerda porque cuando le pegaron un machetazo -señalando la cabeza- “le estaban dañando la memoria, no la del celular sino la de la cabeza”. Rafael es hijo de Maria Beatriz Giraldo (Maruja) y Rafael Torres. Actualmente Rafael Giraldo es separado; convivió durante años con Dalila Sepúlveda con la cual tuvo dos hijos: Liliana y Sebastian. Adicionamente tuvo un tercer hijo por fuera de su pareja de conviviencia, Juan Esteban.

ÚNICA VIUDA DEL PUEBLO ... DE AÑO VIEJO.

Son muchos los años que Toño viene divirtiendo al pueblo con su papel de viuda de año viejo. Rol que pocos se atreven a interpretar porque la persona debe ser tolerante, o “aguantadora” como decimos los paisas, con los excesos de embriagados y faltos de confianza que tocan, apretan y “seducen” con morbosidad como si se tratase de una mujer que no merece respeto. “Voy a ajustar veinte años mañana, empecé de 29 años”, refiriéndose al tiempo que viene haciendo este papel. “Yo salgo mañana, si Dios lo permite, a las 6 de la tarde. Digo que le doy candela hasta las 12, pero uno no se manda, porque la gente me coge a trago y cuando menos piensa son las seis de la mañana. Entonces yo voy ´hacer el sacrifico de a las 12 acabar, porque un año es muy largo para uno trabajar 31 y yo no disfrutar. Voy a meterle freno a media noche”, opina.

En la imagen de la izquierda, en el papel de viuda del año 2014.
Con respecto a los comentarios de la gente sobre su papel dice: “Hay gente que lo toma por malo; este man es que es gueisudo o que le pasa pues, que pasa. Normal, el hombre es padre de familia y todo, sino que la plata es bonita, hay que buscala”.

En la imagen de la derecha, la viuda del 2018
Cada persona asume sus carencias o gustos de manera diferente. Ante su gusto por el baile y los desplantes que le hacen las mujeres en las fiestas, afirma: “A mi me gusta bailar. Saco esas viejas y no bailan conmigo; saca otro, y ahí si bailan. A esta vez tengo mi esposo ahí que me voy a dar un gusto”. Cuando habla de su “esposo” alude a un muñeco que hará de año viejo y que al mismo tiempo será su compañero de baile. Al respecto de la música, dice: “entre más rápido sea la música, mejor para mi porque no me demoro pa´cogele el ritmo sino que de una le cogí el ritmo. Divierto a la gente, le enseño a la gente a dar paso porque uno bailar es casi como un profesor, el otro está mirando. Al ratico sale y está dizque bailando al que no le gusta bailar”.

En un pueblo pequeño y tranquilo donde el tiempo pasa porque el sol inunda las montañas con sus chorros de luz y se esconde detrás de ellas en la tarde, resulta novedoso cualquier hecho que acaba con la cotidianidad de la gente. Y si el hecho transcurre en un bar o cantina, se convierte en un hecho curioso. Toño hace la apreciación así: “por ejemplo, yo entro allá, eso es solo. Y al ratico van a ver 200 o 300 personas. Eso llama cultura. La gente se divierte (…) donde yo entro venden mucho trago. Entonces a mi me gustaría pues que todos les vaya bien. Todos están en eso”

En ese papel de viuda, un 31 de diciembre, Toño tuvo un pequeño accidente cuando quemó de manera equivocada una papeleta de pólvora. Él lo recuerda de la siguiente manera: “Culey me dijo: te voy a dar 50 mil pa´que me quemés estas siete chapolas. Hej, este man será que cree que yo estoy muy borracho. Y todas las agarré con un cigarrillo, y tras, el pabilo. Y la última, dizque le pongo la candelera a la chapola, si me entiende, ya no le agarré el pabilo sino que se la puse fue al papel, con razón. Cuando menos piensa el muchacho allá encima del marido y la goterita por aquí, y yo asustado. Hermano, póngase pilas, y ahí mismo pidió el carro de él, de Culey. Y esas mujeres pa´ser recocha.
- A ver, tápese este ojo. ¿Está viendo esta muchacha que está ahí?
En la imagen, Toño velando a su marido: el año viejo 2018
 –Sí.
–Ah, no le pasó nada.
-Ah, yo descansé en paz, hermano. Yo di gracias a Dios. Yo pensé que me había quedado ciego”.
Y agrega diciendo: “Al borracho lo acompaña el diablo, yo bueno y sano, me da rabia y me da mucho miedo. Yo borracho me las meten debajo el´pie y eso es como una cosquillita que me hace al jarrete”.

Una de las personas que el 31 de diciembre de 2017 maquilló a Toño dice que si Toño no se pusiera el vestido de mujer sobre el pantalón y la camisa quedaría más parecido a una mujer. Asegura que este se pone el vestido sobre el pantalón y la camisa porque estos le dan seguridad de poder conservar su identidad como hombre

Una de los beneficios que obtiene nuestro personaje al interpretar el papel de viuda es que le llueve el trago en este día. Algunos de los comerciantes del pueblo le dan medias de aguardiente como una contribución a tan difícil papel. Toño sostiene: “yo no me tomo esa cantidad de trago sino que yo las voy vendiendo, y tomo el trago que menos me haga daño, que yo haga poca malacara pa´tomalo: la Light. A mi me gusta es la Light o la Pilsen, cervecita”. Todas las botellas de media de aguardiente, donadas por el comercio y amigos, son vendidas luego y con el dinero se compran alimentos.

Este 31 de diciembre de 2018, su papel de viuda será especial porque una de las profesoras del pueblo le regalará un vestido nuevo, especial para su función. También varias mujeres desean maquillarlo, por lo que será él quien elija a la persona que transitoriamente lo asemeje a una mujer pero eso sí, conservando su esencia de macho que es.

LA BETUNADA COMO SINÓNIMO DE ASEO

De manera peregrina Toño Marujo se encuentra en el parque del municipio de Peque los días sábados y domingos limpiando y dándole brillo a los zapatos de quienes acuden a su servicio. Empieza a las 8 am y finaliza a las 4 o 6 pm. Esta labor la inició desde que tenía 17 años, y agrega: “empecé embetunando con agua sola porque el betún era muy descaso, a peso, porque ellos estaban contentos. Esos zapatos eran todos embarrialaos y yo llegaba con un trapito mojao y los limpiaba”. Se realiza en el día entre 40 y 50 mil pesos. Así mimo agrega: “es mucho lo que descanso aquí a la sombra y aquí sentao”.

En la imagen, Toño betunando a Pacho El de Buenas.
Toño recuerda que a la primera persona que le limpió los zapatos fue a Daniel Bolo, el del Chamizo, quien vivía con una indígena y tenía una venta de tinto en la esquina.

No es lo mismo lustrar zapatos en verano que en invierno. En época de invierno los zapatos, sobre todo en un pueblo con alta ruralidad, los zapatos llegan mucho más sucios. Así lo relata nuestro personaje: “en tiempo de invierno siempre llevo del bulto por el pantanero en los zapatos, pero mucha gente me los trae en muy buen estado”. Cuando los campesinos llegan con los zapatos empantanados donde Toño para que se los betune, él les dice que solo betuna los zapatos; que él no lava zapatos, que primero vayan y los laven, o que él hace todo el trabajo y les cobra por aparte la lavada.

Y es que cuando se tiene un arte u oficio, a veces las personas se aventuran con éste en otras localidades donde la competencia y la exigencia por la calidad del servicio es mayor. En el año 2007 se aventura con su oficio en la ciudad de Medellín, y comenta: “me dio rabia porque entrábamos siete por un bar; cuando salíamos a la parte de afuera, venían otros siete. Nooo, aquí no es. Me voy pa´mi pueblo. Le aguanté por ahí dos años en Medellín pero porque me fui para un barrio donde vivía mi hermana y había muchos paisanos y ahí si me apoyaban. En el barrio Sucre. Entonces le aguanté por ahí dos años”.

Con una cajita de betún de 30 gramos, Toño embetuna los zapatos de diez personas. Con una cajita de 65 gramos le alcanza para diez y ocho o veinte enbetunadas, “echándole buen betún al zapato, bien regaito, ya que la meta no es amontonalo sino regalo bien”, agrega.

Honestamente Toño dice que la mejor lección como betunador la recibió de un policía cuando le dijo: “embetúneme estos zapatos. Si van a quedar como los suyos van a quedar muy buenos”. El policía se lo dijo porque Toño no había betunado sus propios zapatos. “que hago yo ahorita: de primero, yo”, señalando sus zapatos limpios y brillantes.

Asegura Toño que la betunada americana acaba mucho con el zapato porque el cuerito se pela debido a que este se calienta de tanto sobarlo con el trapo para brillo, “los mismos policías dicen y el ejército también, porque el zapato se va calentando mucho. Entonces a lo último la cascarita no aguanta”, afirma.


Para una betunada se requieren de varios cepillos: dos cepillos para zapatos negros y dos cepillos para zapatos cafés. Adicionalmente se requiere de un cepillo de dientes “que va a buscar la parte donde el cepillo no puede dentrar, a buscar el cáñamo”, lo dice con acento seguro y claro. Así mismo se requiere de tres paños, usualmente de los usados en las mesas de billar. Uno de ellos para secar la humedad y dos para brillar los zapatos. El tarrito con agua no puede faltar ya que es el líquido indispensable que humedece el trapo que limpia los zapatos.

Cuando una persona se identifica con su oficio y lo realiza con gusto siente empoderamiento por el lugar y su gente. En estos términos lo expresa Toño: “el parque no se puede quedar sin un enbetunador. Este parque fue muy valoroso. Hay gente que le gusta el aseo personal”.

LA QUEBRADA COMO SUSTENTO, EL ORO DEL ARENERO


Su labor de lustrabotas la alterna con su trabajo de arenero, o más bien ésta última la alterna con la primera ya que de lunes a viernes saca arena de unas de las quebradas de Peque. Lleva 22 años extrayendo arena. Doce años estuvo sacando arena en la quebrada de San Juan. Sostiene que cuando se abrió la carretera hacia Los Llanos de Peque en 1990, se fue de arenero para esa quebrada porque había mucha arena.


En cuanto a la cantidad de arena recogida en la semana, dice: “me saco dos viajes pero en invierno, en verano que me saque un viajecito en la semana”. Cada uno de los viajes consta de 7 u 8 metros cúbicos los que son vendidos a veinte mil pesos el metro. “¡veinte mil pesos!, esos es muy barato”, se queja. Pero la arena mejor pagada es la arena de revoque la cual es pagada a 50 mil pesos el metro. Agrega: “tengo como 200 cargas de revoque, yo las vendo menudiaitas”.


Forman los areneros una comunidad que se distribuyen los sectores de la quebrada para hacer los charcos, represar la arena y extraerla. Así lo expresa: “el que va a trabajar se mete a su tajo. Sabe cuál son los charcos, los de él, los puestos. Ni me les meto allá ni ellos me corren a mí. No, es una cosa respetuosa

LA RIFA PARROQUIAL

En la viña del señor hay de todo y para todo. La vida dura y trajinada de algunas personas nos lleva a agradecer a la vida la mejor suerte que tenemos al tiempo que valoramos y resaltamos las artes y los oficios de quienes luchan por su sustento y por el de su familia.

Además de arenero, lustrabotas y papel de viuda de fin de año, Toño Marujo viene vendiendo las boletas de la rifa parroquial desde inicios del año 2018 cuando su hijo Juan Esteban, quien se desempeñaba como acólito de la parroquia y vendía las boletas, ingresó al seminario para empezar sus estudios en los servicios religiosos. “el sacerdote me da $ 60, pero yo acabo estresao. Ande y ande y ande. O sea ese trabajo es a base de andada”. En total son mil boletas que vende desde el día sábado iniciando a las 2 pm y finalizando el domingo a las 4 pm. Los domingos, mientras lustra zapatos, también vende las boletas pero luego del medio día recorre las calles del pueblo ofreciendo la rifa.

GLORIA DEL ATLETISMO

En sus años mozos Toño se destacó como el mejor atleta del momento en el municipio. Corrían los 80´s y sus coetáneos recordamos su cuerpo atlético y sus entrenamientos extensos y arduos por la carretera. De esta manera lo narra: “yo trabajé el atletismo por ahí diez años. Yo subía a la Golondrina porque la apuesta iba a ser a Toldas, entonces yo subía a la Golondrina (…) a la Golondrina me iba en 60 minutos más o menos. Era un cosa muy linda; había muchas energías, demasiado”.

En aquellos tiempos también había en el pueblo un maestro de inglés y Francés, recordado cariñosamente como “El amiguito”, quien hacía del atletismo una forma de vida. Este maestro entrenaba en las mañanas varias veces en la semana. En sus entrenamientos subía hasta la virgen del Chocho, San Mateo y Toldas. Nunca entrenaron juntos por lo que la gente conocía de la resistencia de ambos más desconocía de la favorabilidad del uno sobre el otro en caso de competencia.
En la imagen, maestro con el que compitió Toño. 
Como suele suceder en todos los ámbitos sociales, quien goza de posición, bien por su familia o por su oficio, tiene favorabilidad sobre los demás. De esta manera los describe: “Hubo una apuesta. Esa apuesta valía tres millones de pesos uno y tres millones de pesos otro. Entonces la gente no apostaba a mi. Le daba desconfianza que yo perdía. Entonces yo tenía un cuñao, que llamaba Pegaso, que llevó a la hermanita mía, a la Griselda, a la Cucha. Entonces ese señor me dijo: no, yo sé que usted es capaz. Si no quieren apostar a usted, dígales que arecojan la de´llos que la suya está lista. Oiga qué palabra, oiga! Entonces yo les dije: no, la gente no quiere apostar a mi, que el cuñao mio apuesta esa plata solo”.

La confianza de “Pegaso” en su cuñado no se fundamentaba en una fe ciega; sabía del fuerte entrenamiento al que se sometía Toño de manera voluntaria. Él había entrenado en la mañana, al medio día y en la tarde. “Yo llevaba ese pensamiento de que de pronto me echaban al medio día y si yo no entrenaba a esa hora, entonces me ahogaba y no aguantaba. Y entonces me cogieron bien entrenao (…) yo lo pensaba así: pues me tocará entrenar a pleno solazo porque uno no sabe a qué horas va a ser la competencia: si por la mañana, a medio día o por la tarde. ¿Si me entiende? Entonces yo le entreveraba. Y si el enemigo me convidaba, yo no iba con él. Yo no le mostraba lo que yo era ni que él me mostrara lo que él es. ¿Vamos Toño pa´rriba? No, hágale que yo voy ahora. Diario yo le salía con una rara…y no entrené con él”.

No podía haber mejor acontecimiento en ese día que la competencia entre dos atletas afamados. Así están presentes las imágenes de ese evento en la mente de nuestro invitado: “De una nos fueron pegando, mejor dicho. Bueno, vamos pa´la puerta del cementerio que los vamos a´postar. Entonces nos fuimos, y ese gentío tras de nosotros. Y la gente insultando, y yo no soy grosero ni pa´ repetir: ¡no, esto que va a ganar, hombre! Me desmoralizaban, y no, vamos a ver. Entonces la policía bajó abajo y nos dijeron: ahí está la raya, párese ahí, usted también, hágase pa´llá. Y entonces ahí mismo fue sacando ese aparato, y entonces, ¿este señor será que nos va a pelar aquí? ¡No, era para hacer un tiro! Para no contar una, dos y tres, sino que un tiro de salida. Y empezamos, y desde aquí en esta calle el hombre empezó a tirar lantera, lantera, lantera. Entonces el deporte es muy bonito, lo aprende uno mucho. Yo ahí caminando pensaba: en aquellas curvas le voy a meter velocidad y él no me va a ver. Y eso es ventaja que yo le voy poniendo al hombre para yo no subir tan atropellao. Hombre, y así fue. Yo llegaba y miraba atrás, y ese hombre entre más rato más atrás, más atrás. En esas curvas yo no lo veía, entonces le metía duro. Ya cuando él asomaba esa curva, yo iba más allá. Y uno así se anima más. Oiga, le metí casi un kilómetro a ese señor. Cuando yo bajaba para ´bajo con el fichito en la mano, porque eso era con juez y todo, porque era un platal horrible en ese tiempo, él iba en el puente de San Mateo, y yo ya había subido arriba a Toldas”.

No hay mayor felicidad que la sentida por un humilde que venció por encima de la incredulidad de su gente. La historia está llena de inventores, artistas y desadaptados que en su momento ni maestros, ni mentores ni padres creyeron en ellos. Toño recuerda el premio dado por su cuñado: “¿Sabe cuánto me dio ese cucho? Vea este millón para usted. Usted se merece este millón. Porque eran tres millones de pesos, él cogió seis millones. No, usted me hizo dos millones más. No parto con usted porque a su hermanita hay que dale. A ella le da mucha rabia que yo le diga la cucha. Ella llama Criselda. Me dio un millón de pesos, qué platal tan horrible. Yo era bailarín, la gente no bailaba conmigo, y en ese momento todo mundo bailaba conmigo. Uno ser campeón es cosa linda, un sacrificio de esos”.

Saboreada la gloria con el atletismo, Ángel Rafael también lo intentó con el ciclismo. “Yo trabajé con el difunto Reynel, Payaso…nosotros éramos unos siete, constantes (…) subíamos hasta arriba a Toldas. Sino que de allá pa´bajo donde caía el primero, ahí caíamos todos, porque si frenábamos de una, esas ciclas iban muy tensionadas. Si frenábamos de una, entonces ella de todas maneras paraba atrás y botaba a uno lejos”.

Toño Marujo tiene una forma muy particular para entretener. Acá en el video, en pleno aislamiento del mes de marzo de 2020 por la pandemia del Coronavirus, divierte con su habilidad para producir sonidos con su boca.

Cuando se pregunta a Toño sobre lo que él considera que le daba resistencia para mantener un estado físico en excelentes condiciones, él dice: “era poco trasnocho, el hombre se cuidaba a juguito y todas esas cosas, y mucha malta con ese huevo casero…eso es pura vitamina. La primera vez trataba de devolvérseme y ahí ya le cogí el golpe, eso pasaba. Y kola granulada, leche caliente. Me ponía a ver criar esos gallos, hermano, y me ponía a ver esos murlos rojos, y hombre, hasta esto debo tomar yo también. Hombre, si se lo echan a los gallos entonces porque no se lo echo al organismo”. Toño se refiere a la cola granulada como el alimento que daba un color rojo a las patas de los gallos lo cual garantizaba que el animal estaba bien nutrido y fuerte para la pelea.

Actualmente Toño tiene tres gallos y asegura que se está volviendo gallero. Hace aproximadamente dos meses echó la primera apuesta de la cual recibió 180 mil pesos de flete. “hay los tengo amarraos, los estoy cuidando”, dice.

Cada vida de una persona está llena de historias que se acumulan en vivencias y experiencias que lo ayudarán y rememorar los momentos en los que fue héroe, fracasado, siervo, jefe, entre muchas otras. Ángel Rafael Giraldo está activo laboral y socialmente por lo que posiblemente continuará agregando historias a las páginas del libro de su vida.

Nota final: en varios momentos de las charlas -que se dieron en varias días-, Ángel Rafael manifestó que debía dirigirse a su casa a prepararle el desayuno a su madre o a conseguirle algunas pastillas ya que ella se encuentra anciana y enferma y él se preocupa por ella.

sábado, 22 de diciembre de 2018

ARNULFO MAZO: HISTORIAS DE ARRIERÍA


LUIS ARNULFO MAZO MAZO

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=jJR99prp0fg


Don Arnulfo Mazo nació el 27 de noviembre de 1933. Hijo de Luis Reynaldo Mazo Orrego, de San Andrés de Cuerquia, y de Clementina Mazo Zapata, de San Andrés Briceño pero radicada en Ituango. En ese tiempo Briceño era corregimiento de Yarumal. “Mi padre trabajaba en Ituango y Peque; él era negociante y andariego. Mi papá era arriero y negociante de mulas, de ganado, de marranos, de lo que le vendieran”, dice don Arnulfo. En 1961 Arnulfo Mazo contrajo matrimonio con Maria Marcos David Moreno, relación de la cual nacieron diez hijos.

En su época, al padre de don Arnulfo Mazo le tocó trabajar en San Mateo con don Marcos Valle. De San Mateo pasó a Los Llanos donde se encontró con Clementina Mazo quien había llegado allí para visitar a su hermana Esperanza Mazo quien era maestra en este corregimiento. En este lugar se conocieron Luis Reynaldo y Clementina “y formaron el negocio, el matrimonio”, como lo expresa don Arnulfo. Ya casados Luis y Clementina se establecieron en Peque donde tuvieron cuatro hijos: María, Alfonso, Alicia (fallecida) y Arnulfo.

Sacó don Luis Reynaldo a su hijo Arnulfo de la escuela cursando el grado cuarto para que le ayudase a arriar y para que trabajase la agricultura - Fue Luis Reynaldo dueño de la finca el Granadillo.

Cuando Arnulfo tenía entre 19 y 21 años llegó al pueblo el ejército reclutando hombres para el servicio militar obligatorio. Su padre Luis le sugirió que “se volase”, que se escondiese, que se fuese para la finca La Sequia donde Liano Guerra, y allí se quedó como cinco años. Estando en este lugar pasó por allí un sargento del ejército para Ituango a reclutar jóvenes y de nuevo debió esconderse. “qué tan maula es uno hombre. Donde hubiera pagado servicio hubiera sido otro tipo distinto”, afirma don Arnulfo.


Abandonó la finca de la Sequía y se vino para la Vereda San Pablo a administrarle una finca a don Pacho Guerra. Trabajó un tiempo con don Pacho, liquidó con él y se vino para el pueblo a trabajar manejando como 20 mulas de don Pacho. “Era caporal de la mulada. Yo le movía de aquí a Uramita lo que él compraba de frisol. Lo que producía la finca lo movía yo, y como él tenía el mejor almacén aquí, yo le traía todo lo que traían de Medellín”, recuerda don Arnulfo.

Eran los tiempos en que todo entraba y salía del pueblo por medio de la arriería. Sumaban 38 arrieros y 150 mulas. Unos manejaban veinte mulas, otros cinco, otros diez. El ejército acompañaba la arriería para evitar que los asaltantes robasen la carga de los arrieros durante el recorrido y/o en las posadas también.

Entrada la violencia, en el Corregimiento Los Llanos había 50 policías que había mandado el municipio de Ituango. Eran los tiempos en que el ejército y la policía no se querían. “La policía bajaba a La Asomadera a echar candela pa´bajo, pa´todas partes, y el ejército subía de aquí pa´ arriba y los devolvía, y entonces la gente que trabajaba por aquí cerquita cuando oía ese candeleo allá se derrotaban pal pueblo a favorecesen con el ejército”.


En una de las jornadas a Uramita, y luego de ayudar, por orden del ejército, a cargar a un civil asesinado por la chusma liberal en La Vironda y a un policía muerto en el Llano de Juntas, fueron puestos presos, durante dos días, todos los arrieros que iban ese día de Peque para matarlos. “Este Miro Agudelo que hay por ahí, ese es un verriondo. Y nos dijo: yo les voy a abrir esa puerta pa´ que nos vamos. Jumm, sabe cosas. Entonces dijo mi papá: hombre, no. No haga eso que nos van a largar”. Mientras pasaba la discusión entre arrieros detenidos corrió la alarma de que la chusma liberal se había entrado a la finca La Aguada de Camparusia y había asesinado a Jesús, jefe de la chusma conservadora. Ante la zozobra de que la chusma liberal pasaría a Uramita, un sargento del ejército pidió a la policía dejar libres a los arrieros detenidos para evitar que fuesen muertos por los enfrentamientos.

En los tiempos de la arrería, los arrieros eran los correos, vendían el café, compraban las provisiones de los comerciantes, traían las facturas y el resto de plata de lo vendido. Los comerciantes no salían porque les daba miedo ya que podían ser asaltados o robados por asaltantes de caminos. “Cuando nosotros llegábamos aquí, ya estaban todos ahí  ´onde Melina que era la administración principal de guarapo. Ahí estaban listos con las totumas de guarapo esperándonos pa´que tomáramos”, recuerda con alegría don Arnulfo.

Dice don Arnulfo que en el tiempo de la violencia algunos conservadores de buen corazón empezaron a llevarles sal y cositas a los liberales que estaban escondidos en el monte. Entre ellos están Milio Osorno, Alfredo, Jesús Días, entre otros.  “La sal era un elemento perseguido porque no la había, el gobierno la prohibía. Y el que tenía un negocio de sal o conseguía sal, era un héroe, y donde le compraban era por onzas y la gente andaba con un frasquito de almendras colgadito aquí en la cintura con un poquito de sal. Cuando llegaba y le daban comida, pero no había sal, entonces él llevaba la salecita aquí en el frasquito y le echaba”.

Comenta don Arnulfo que a finales de 1948 un sargento del ejército de apellido Lalinde les dijo que ese sería el último o penúltimo viaje de arriería que harían porque la orden era que Peque sería ocupado por la policía que venía de Ituango y el ejército salía. La policía venía a “barrer por parejo con lo que haiga”. 



En el siguiente viaje se fueron los arrieros hasta El Llano de Juntas y aquí fueron advertidos por unos amigos de apellido Vega de que no continuasen porque los estaba esperando la contrachusma (nombre dado a la chusma conservadora) en San Benito y La Cabaña para quitarle las mulas y la carga e incluso asesinarlos. Los arrieros atendieron la advertencia y se quedaron en El Llano y entregaron la carga a Lisandro Serna, “el tío de Bernardo Guerra, hermano de doña Rosaura. Él era un rico de Juntas, un tipo de confianza, conservador. Era muy formal con la gente de aquí y también le sacaba cosas a la gente de Camparusia. Entonces ahí mismo a descargar todo eso y entregar esa carga a Alfonso Serna. Compramos ropita y sal y entonces nos vinimos pa´ca”.

Huyeron del pueblo para San Mateo entre 20 y 25 familias e hicieron casas de murrapo. De aquí la gente se desplazaba hacia Camparusia. El río de Uramita dividía en dos las zonas de dominio y control del grupo liberal y del grupo conservador. La división alcanzaba hasta Turbo. Por el occidente del río se movía la gente y la chusma liberal; por el oriente se movía la gente conservadora y la contrachusma. La gente de Peque se movía hasta Mutatá para conseguir sal. “Cuando Rojas Pinilla subió al poder, estábamos en Chimiadó, de Dabeiba para Arriba. Estábamos en Llano Grande una vez con un cura que salía a las montañas a confesar la gente y a animar la gente, un sacerdote de apellido Gaviria, estábamos con él cuando dijeron unos viejitos: oiga por allí en aquella cañada que hay una peña donde hay un´agua salada. Entonces dijeron ahí un tipo que había salido del pueblo y era oficial entonces tenemos que ir allá, eso es un salao. Y nos fuimos pa´llá como 20 o 30, y en esos iba Jesús Guerra, Leonardo, los Borjas, gente conocida. Nos fuimos pa´llá y de veras, eso era una peña que esa agua venía salada”. Recuerda don Arnulfo.

Se hizo el entable para extraer la sal de los arroyos de la peña. Se construyó un horno similar al usado para sacar la panela. Se trajeron seis fondos de cobre de la estancia Cañaverales, camino a San José de Urama, la cual había sido quemada. De la finca El Naranjo del filo El Gavilán, de unos Tamayos se trajo el zinc. La tubería se elaboró de guadua. Se llegó a sacar un bulto de sal por día. Llegaban entre 50 y 60 personas diarias a hacer turno para comprar la sal la cual se vendía a 7 pesos la libra.

Con la plata realizada por la venta de sal, se vino don Arnulfo y sus familiares para La Florida, por Los Llanos, a vivir allí. Por Paramillo salían a la finca La Argelia con el fríjol y el café, bajaban y salían a la finca El Chambuscao, finca de los Moras. Siguieron bajando y llegaron a Los Chorros. Mientras don Arnulfo, su hermana, Adán Posso, su hermano José Isaías Salas (hermano natural), su papá y Tulio Valle estaban en Los Chorros, Luis Guerra, doña Maruja y los hermanos estaban en El Llanón, habían hecho una casa en una cañada. Un día don Luis Guerra y familiares celebraban la matada de un marrano y se veía el humero cuando subían 200 policías y contrachusmeros que entraron por El Retiro, por la finca Medellín de los Incapies, a Paramillo.

La gente de Peque se había robado un ganado que era del gobierno, de La Colonia penitenciaria. Este ganado estaba en Culato y El Madero. Venía esta comisión de 200 hombres a rescatar el ganado y pasando cerca de la casa de Luis Guerra agarraron de lejos la casa a plomo. Luis Guerra y familiares se volaron cañada arriba (nota: al final don Arnulfo se refiere a Luis Guerra como Jesús Guerra por lo que en este diálogo no se sabe a qué nombre correspondía). Huyó Arnulfo y familia por el filo de Culatos a Monteloro.

En una ocasión fue vista la policía y los contrachusmeros a las siete de la mañana bajando a la casa de la señora de Rafael Manco sin darse cuenta que allí los estaba esperando un grupito de los chusmeros y les bajaron a un policía. Luego la policía se desplazó hacia La Raíz, subieron por El Palmar y llegaron a la Llorona. Los chusmeros que estaban por los lados de Culatos pasaron por El Alto y salieron a La Llorona y esperaron a la policía y a los contrachusmeros. Allá “quebraron” otro policía. Huyó la policía hacia Los Llanos contando con tan mala suerte que allí había otro grupito en el cual se encontraba Aquilino, Maelo, Pedro Mazo y otra gente y le “cagaron” otro.

Desorientada la policía cogió por el camino del Páramo. Los hechos adversos sucedidos a esta comisión de la policía dio lugar a un disco que recuerda don Arnulfo: “y entró la policía, entró por Paramillo. En mayo entraron fácil y en junio les pesó. Se llevaron cuatro muertos, hay qué suerte les tocó! Bobitos no sean porfiados, no vuelvan a molestar. Fíjense que ya no pueden con la fuerza liberal”. Tan mala suerte tuvo esta comisión que no pudo rescatar ni una vaca sino que se llevaron cuatro de sus muertos.

PARTICIPACIÓN EN CONCURSO DE ARRIERÍA
No en vano la vida le da conocimiento y experiencia a cada persona. La vida curtida de arriero de don Arnulfo, que se inició a la edad de once años al lado de su padre, lo dotó de habilidades y competencias que lo llevaron a participar en el concurso de arrieros y fondas de la Feria de las Flores en la ciudad de Medellín.


Su primera participación en el concurso fue en 1999 la cual ganó amarrando una carga de café en 4minutos y 32 segundos. En el año 2002 participa nuevamente acompañado del alcalde José Luis Úsuga. Dice don Arnulfo, “ya en el 2002, participé con toda la arriería del departamento de Antioquia, y departamentos. Competí con once arrieros campeones. Entonces ya les gané a todos. (…) Yo fui campeón hasta el año 2003. De ahí ya no me admitieron competir, sino jurado hasta el 2011 que fui ahora último que fui a representar al pueblo (…) en el 2010, me parece, una cosa así, ya me tocó jurado supervisor de todo el evento”.

En el concurso de arriería del año 2002 barrió Arnulfo en el concurso gracias a que solo él pudo levantar una carga de doce arrobas sin ayuda lo cual lo hizo acreedor a un reconocimiento de parte de la Presidencia de la República y su imagen fui incluida en el video del himno nacional de la época.


Durante ocho años continuos fue don Arnulfo Mazo jurado calificador en el concurso de arriería y en el año 2011 fue jurado supervisor y condecorado como el mejor arriero de Colombia con 30 puntos de experiencia en lo relacionado con el manejo de mulas.
Y es que sus conocimientos como arriero lo llevaron a ocupar un cargo meritorio dentro del concurso: supervisor de jurados.

VOCABULARIO
En cada campo del conocimiento y/o en cada profesión u ocupación se originan palabras que hacen referencia a los objetos y a las actividades y que deben ser conocidas por el lector no familiarizado con dicha área o actividad.
Don Arnulfo Mazo comparte algunos términos propios de la arriería

Caporal: usualmente se refiere al arriero que sobresale por estar a cargo y por su capacidad para  arriar muchas mulas.

Ayudante: era la persona que ayudaba al arriero; era quien iba por las bestias al potrero, les ponía las enjalmas, las preparaba.

Sangrero: era quien hacía la comida para varios arrieros. Partía horas antes de los arrieros para hacer la comida en la fonda en la cual llegaban estos. Cuando los arrieros llegaban, la comida ya estaba preparada.

Tacador: sostenía (tacaba) el bulto mientras el arriero montaba la carga. Cuando el tacador ya tenía fuerza para alzar el bulto y sabía amarrar, pasaba a ser arriero.

Fueron muchas las trochas y caminos, así como fondas, por las que pasó don Arnulfo con la arriería por varios municipios de Antioquia. “Uramita, Dabeiba, estuve en Mutatá, Frontino, Cañasgordas, Buriticá… no estuve fue en Sabanalarga. Y de aquí pasé a Ituango y San Andrés de Cuerquia (…) El frisol y el café lo llevábamos hasta Atacuí, Atacuí era la bodega, ahí bajaban los carros. Pero en esos días se había dañado la carretera y no pasaban los carros y la agencia de cerveza era en San Andrés y allá subía toda la mulada a traer cerveza y allá subí yo. Los arrieros de Ituango y los de aquí, que era yo, la que yo traía era pa tráela pa´cá. Cerveza desde San Andrés de Cuerquia. Y el camino era por la cordillera y salía uno allí al filo de Campero. Yo trabajaba era las mulas de Liano Guerra y de ahí bajaba aquí. Y yo era el que manejaba la cantina aquí  ´onde está la parvería. Ahí era la cantina de Liano y yo la manejaba”

Nota final: durante la charla no se hizo mención a una labor que viene desarrollando don Arnulfo desde hace muchos años atrás: la manufactura de enjalmas. Es la única persona en el pueblo que elabora este tipo de elemento para la arriería. Es preocupante que en el momento ninguna persona en el pueblo se interese por aprender este arte de manos del mejor maestro de la arriería.





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ADRIANO GRACIANO HIGUITA   - ¿Cómo dice aquí? - le pregunta alguien mostrándole un sobrecito de azúcar. – ¡Azúcar!- responde Adriano m...